Mi aventura en el país de las maravillas

Esta es mi aventura en el país de la maravillas, la cual nuestra profesora de lengua, Camila, nos dijo que escribamos.

 

Un 5 de Julio de hace dos años me encontraba en el country de mis primos, Joaquín y Bautista, en unas canchas jugando al fútbol con ellos. Este sitio tenían pasto sintético perfectamente cortado, formando una cancha en la que todo futbolero desearía jugar. Las paredes blancas cubiertas de un plástico protector rodeaban toda la cancha, excepto una puerta, de dos metros de altura y uno y medio de ancho, color roja y completamente nueva. Luego de que Bautista arrojara la pelota afuera de la misma, mi aventura comenzó. Yo, decidí ir a buscar la pelota,con el objetivo de continuar con nuestro juego, pero yo no sabía lo que me esperaba detrás de esa puerta. Seguido de mi paso por este maravilloso objeto, mi aventura empezó.

Entré a un cuarto completamente oscuro, cuya luz se prendió como consecuencia de un aplauso mío. No recordé nada, ni la pelota, ni la realidad. No escuchaba nada, parecía como si estuviese dormido, no se oían ni mis pasos, todo parecía muy irreal. Las paredes de esta habitación eran blancas y lo único que se encontraba era una puerta negra, ubicada en el techo, la cual no podía alcanzar. Pestañeé y al segundo me encontré con una jirafa naranja y de 7 metros de altura, la altura perfecta para que llegue al techo. Así comenzó mi primera conversación con un animal de esta aventura:
– ¿Cómo anda Jirafa? Mi nombre es Alicia, usted mide como cien metros!!!!
– No niña Alicia, cien metros es demasiado, mido solamente 7.
Ella no parecía entender mi ironía y sarcasmo, por lo que decidí ignorarla. Me subí para llegar a la puerta, la cual se empezó a mover, de un lado a otro, impidiéndome abrirla. Salté y pude agarrarme de la manija, que al abrirla me llevó a un recital, en un teatro gigante, con capacidad de alrededor de 30.000 invitados y 4 pisos.
Parecía un teatro muy anormal, era informal y raramente decorado, con distintos tipos de colores, como las cortinas rojas, las paredes rosas o el piso amarillo. También poseía asientos de diferentes tamaños, como si los invitados tuvieran extremadamente distintas medidas. Sin embargo, lo más raro llegó cuando la obra comenzó, esta estaba dirigida por animales y extraterrestres con trajes exóticos y resaltantes. Resulté ser el único invitado humano, a pesar de que el resto de animales invitados hablaban mi mismo idioma. Por esta razón, decidí comunicarme con un sapo, el cual se encontraba al lado mío:
– Señor sapo, ¿Podría informarme cuando termina la obra?
– Cuando acaben de tocar los compositores.
No entendí porque se tomaba todo tan literal pero luego de varias veces de tratar de expresarme, me explicó que faltaban 3 horas, por lo que me retiré antes.

Abrí la puerta del teatro y me encontré dentro de un gigante, redondo panal de abejas, del cual no podía salir. Mi tamaño se había achicado hasta medir los diez cm, y me di cuenta que me rodeaban alrededor de otras veinte abejas, que trataban de derribar y romper las amarillas paredes del panal, las cuales impedían que salgamos al exterior. Estos pequeños animales me gritaban: “Trabaja! Trabaja!”. Les hice caso y comencé el labor. Primero intenté con el uso de mi boca, luego traté de raspar pero finalmente, con una simple patada logré agujerear el panal. Las abejas salieron lanzadas por el orificio del panal, parecían estar apuradas! Yo decidí copiarlas, y salté por este agujero, sin temer a la distancia a la que me encontraba del piso. Cinco segundos después resulté estar cayendo desde 100 metros con un paracaídas.

Estaba 50 metros del piso, y me preguntaba qué escena extraordinaria y maravillosa me tocaría vivir ahora. Sin embargo, me sentía distinto, había vuelto a mi tamaño original y recordaba perfectamente todo. Todo me parecía muy raro, y recién cuando logré reconocer un rectángulo verde en el piso me di cuenta. Ya había vuelto a la realidad, y estaba llegando a la cancha de fútbol, en la cual seguían mis primos. Diez metros de distancia nos separaban y ellos, confundidos me gritaban: “Mati, Mati, a tu derecha!”. Me di vuelta y logré agarrar una pelota jabulani, blanca y negra con rayas rojas, tal cual como la que había perdido. Apenas aterricé mis primos comenzaron a hacerme preguntas de todo tipo, y les explique mi aventura, la cual no iba a olvidar jamás mientras ellos escuchaban fascinados.

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